Abrigo pelo exterior de moda



Si usted se ha desplazado por redes sociales en cualquier momento de las últimas semanas, se dará cuenta de que la piel falsa ha vuelto para el invierno. Y no sólo el clásico «oh esto? Es el abrigo estilo 50 de mi abuela. Este año: cuanto más audaz, mejor. Los influyentes están envueltos en sus compras de camarones de colores brillantes, y la tendencia recibió el sello oficial de aprobación de marcas mandando modelos por la pasarela con una capa de «arco iris» a lo largo del suelo a principios de este año. Inevitablemente, esto se ha filtrado hasta la calle principal a lo grande. La piel se ha convertido en moda.

A pesar de la variación de estilo, una cosa es consistente: todo es «falso». La piel falsa se ha defendido durante mucho tiempo como una alternativa ética a la piel auténtica; las marcas se esfuerzan por subrayar que no utilizan piel auténtica, al igual que las personas influyentes, que (presumiblemente para evitar una diatriba por parte de sus seguidores) se aseguran de que sus pies de foto aclaren que su abrigo es realmente «falso». Parece que la piel verdadera está fuera del menú. Los animales no son dañados en nombre de la moda, la marca tiene una buena imagen, y los consumidores tienen esa cálida sensación de pelusa tanto por dentro como por fuera.

Por desgracia, no es tan sencillo. Recientemente, los defensores del medio ambiente han pedido que se cambie el nombre de la piel de imitación por el de «piel de plástico», ya que está hecha y se deshace de un tejido plástico dañino que tarda miles de años en biodegradarse. Esta revelación no es particularmente sorprendente; hace tiempo que somos conscientes de que el uso de materiales sintéticos en la ropa es enormemente perjudicial para el medio ambiente. Al igual que el movimiento contra la piel nos hizo pensar en las consecuencias del uso de pieles, este nuevo movimiento contra la «moda rápida» nos está haciendo pensar en la sostenibilidad y en el impacto de nuestro comportamiento como consumidores en el medio ambiente.

Como lo demuestra el debate entre pieles reales y pieles falsas, no siempre es posible conciliar estos dos puntos de vista. Desde una perspectiva de sostenibilidad, la piel real es mucho mejor para el medio ambiente: a menudo se puede obtener de segunda mano, es biodegradable y dura mucho más que la piel falsa; por otro lado, a diferencia de la piel real, las prendas de piel falsa no causan daño directo a los animales en su creación (aunque se ha observado que las microfibras sintéticas que entran en los sistemas de agua a partir del lavado de la tela plástica llenan los estómagos de los peces). En última instancia, no existe una única respuesta correcta: la decisión de comprar pieles reales, pieles falsas o ninguna de las dos cosas es personal y depende de nuestras opiniones morales y éticas individuales.
De manera crucial, este asunto también pone de relieve otra decisión que nosotros, como consumidores, tenemos que tomar: informarnos de las consecuencias directas o indirectas de nuestros hábitos de compra, o permanecer ignorantes. La gran cantidad de información que tenemos ahora a nuestra disposición hace que sea casi inusual leer las noticias o entrar en plataformas de streaming sin ver un artículo o documental sobre el impacto medioambiental de la industria de la moda y el uso de plásticos. Ya no es aceptable que nuestras decisiones de compra se guíen únicamente por las últimas tendencias en el sentimiento del consumidor, o lo que las marcas nos dicen es que es una elección más ética.

Este tipo de mentalidad de rebaño fomenta la falta de compromiso en nuestras decisiones de compra, lo que puede ser perjudicial, ya que puede hacer que nos sintamos más fácilmente satisfechos al tomar «buenas» decisiones, y pasar por alto nuestros otros hábitos de compra más problemáticos. Comprar un abrigo de piel sintética no convierte a uno en un consumidor ético, y tampoco lo es evitar las pajitas de plástico. Lo mismo es cierto para llevar nuestras propias bolsas al supermercado si sentimos que nos da licencia para, por ejemplo, comprar de forma ignorante en tiendas que tienen un registro de prácticas deficientes en la cadena de suministro. Si no nos comprometemos realmente con la razón por la que estamos haciendo estas cosas, corremos el riesgo de que cualquier hábito positivo que hayamos formado se pierda en el camino tan pronto como esa cuestión deje de estar en la primera línea de la conciencia pública.

Educarnos sobre estos temas nos permitirá convertirnos en consumidores más conscientes y tomar decisiones mejor informadas sobre nuestras compras. Nos permitiría considerar, por ejemplo, por qué muchos de nosotros no usaríamos pieles de verdad, pero estaríamos perfectamente contentos de comprar un bolso de cuero o zapatos. Nuestras motivaciones son complejas, y nuestras acciones a menudo son hipócritas, por lo que es beneficioso tomarse un tiempo para entenderlas a fin de comprender mejor por qué tomamos ciertas decisiones. A través del reconocimiento colectivo de que cada compra también tiene un precio ético y ambiental, esto resultará en un cambio hacia hábitos de compra que serán mejores para los animales, el medio ambiente y el planeta.

No obstante, si amas vestir piel de verdad, abrigo pelo exterior sin duda alguna.


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Publicado por el 28 Dic, 2018 | Publicar un comentario



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