Cómo crear un plan económico de obtención de vivienda



¿Se ha convertido la obtención de una vivienda en propiedad en un sueño imposible de cumplir? Para muchos jóvenes en torno a los treinta años, la respuesta es rotundamente afirmativa. Porque, mientras los principales diarios digitales del panorama nacional se esfuerzan por pintar la idiosincrasia de la generación millennial como una manera de actuar basada en la pereza y la atracción apasionada a una vida sin demasiados lujos, resulta que la mayor parte de dicha generación no tiene más remedio que hacerlo ante la ausencia absoluta de ingresos, los trabajos precarios y mal pagados, y el aumento del precio de la vida en todos sus ámbitos.

No, obtener una vivienda no es nada sencillo a día de hoy, y no lo será mientras el precio de las hipotecas, y aun el de los alquileres, no se reduzca y se adapte a las nuevas circunstancias de una mayoría social que, en la tercera década de su vida, se ve abocada a vivir todavía en el hogar de sus padres o a compartir piso como cualquier estudiante universitario de dieciocho años. Esta situación se ha normalizado de una manera peligrosa, al igual que se intenta normalizar el hecho de que los jóvenes españoles de la actualidad no se tomen la molestia de calcular una hipoteca porque, lo saben, no tendrán acceso a ella. ¿Para qué perder el tiempo intentándolo?

Sin embargo, una cosa es afirmar la dificultad de obtener una vivienda, el lujo casi imposible de obtener en el que se ha convertido, y otra muy distinta aseverar que no existe ninguna posibilidad de hacerlo. Mientras los movimientos sociales de la clase obrera más joven del país intentan por todos los medios que el Gobierno escuche sus demandas y garantice el acceso a la vivienda como un derecho constitucional, a lo largo y ancho del panorama económico, administrativo y virtual de España surgen ayudas y subvenciones públicas y privadas a los que cualquier persona con ingresos nulos o inestables puede acogerse para ahorrar. Con el tiempo, esos ahorros se harán notar, y pueden ir destinados de forma íntegra a la solicitud de una hipoteca.

Entre esas cada vez más numerosas y flexibles ayudas financieras a las que se puede optar, destacamos, por ejemplo, los créditos rápidos online. Según investigaciones del comparador de préstamos WannaCash.es, una de las webs de créditos demandados a través de internet más utilizadas hoy en día, un porcentaje importante de solicitantes invierte el préstamo obtenido en fondos de ahorro. Por otro lado, es cierto que existen ayudas públicas a las que las personas en situaciones personales poco sostenibles se pueden acoger, por supuesto mediante el trámite correspondiente y el papeleo obligatorio que se debe presentar para llevar a buen puerto estas gestiones. Dentro de este subgrupo, no podemos olvidarnos de los numerosos beneficios de acogerse como desempleado en la Oficina de Empleo correspondiente.

Por otro lado, sabemos cuáles son los beneficios a largo plazo de solicitar una hipoteca a nuestra entidad financiera de confianza, pero ante todo debemos tener en cuenta los inconvenientes. Una hipoteca, según cifras oficiales, cubre económicamente el 80% del precio total de la vivienda elegida. Eso significa que, ante todo, debemos ser prudentes y dedicar un tiempo previo a la solicitud a ahorrar un mínimo del 10% y un máximo del 30%. Por supuesto, si lo vemos complicado, siempre podemos recurrir a las ayudas económicas antes mencionadas, pero es muy importante que hagamos un cálculo preciso de nuestras ganancias y nuestros gastos, y lo pongamos en relación con nuestra situación laboral presente y estimaciones futuras.

Por otro lado, y como suele decirse, la avaricia rompe el saco. Evidentemente, cualquiera de nosotros quiere optar a una vivienda que se acoja a unos mínimos de calidad que nos permita un futuro digno, pero eso no significa que debamos pecar de ambiciosos y solicitar una hipoteca por un inmueble que se escapa de nuestro presupuesto inicial y las cifras medias de nuestra renta. Hemos de tener en cuenta muchas cosas: si nos queremos instalar en suelo urbano o rural, si tenemos la intención de formar una familia en el futuro o vivir solos, si nuestro trabajo implicará una mudanza en el futuro, y si tendremos posibilidades reales de promoción o de obtención de un empleo mejor. Todos esos factores influyen en el tipo de casa al que podemos aspirar.

Variables, todas ellas, que habrá que saber prever y analizar con tiempo suficiente. Es posible que no podamos tenerlas absolutamente todas en cuenta, pues siempre hay contingencias inesperadas que ocurren sin que podamos hacer nada por evitarlas. Pero incluso para accidentes de ese tipo podemos crear un plan económico de emergencias. La cuestión es saber planificar, tener paciencia y esperar la ocasión propicia para, finalmente, tomar la decisión de acudir al banco y solicitar nuestra hipoteca. La espera merecerá la pena.


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Publicado por el 13 May, 2019 | Publicar un comentario



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