Dra Vera Cabrera Dekovic del Perú PREMIO CIIC



El consejo directivo de la Fundación Global África Latina y sus alianzas de responsabilidad social saludan a la Dra Vera Cabrera Dekovic del Perú, por la obtención de su premio Calidad Empresarial y Educativa 2018-2019, otorgado en Honduras en el marco del Congreso Internacional de Industrias Creativas, Tegucigalpa, la distinción de la mano del Consejo Empresarial de Industrias Creativas;  En su misión institucional define el generar desarrollo de tecnologías y prestación de servicios en el ámbito de la valoración la creatividad, innovación productiva y patrimonio, para lo cual cuenta con redes de colaboración que incluyen destacados consultores, universidades, fundaciones, profesionales, entidades públicas y empresas privadas; de América Latina, Centroamérica, África y Europa.

“Una economía sustentable, respetuosa del territorio y del bienestar de sus habitantes, no es posible si dejamos de lado el conocimiento, talento e identidades presentes en nuestros entornos.

Las Empresas Creativas son la base para el diseño de una matriz productiva y exportadora diversa, dinámica y versátil. La inclusión de la dimensión cultural en las políticas y acciones de desarrollo es determinante en nuestras naciones que buscan la emergencia al desarrollo.

En efecto, estamos en un momento histórico para seguir brillando en el mundo y conquistar nuevas audiencias. Se trata de una oportunidad que debe ser reforzada por un marco regulatorio que considere la cultura y la creatividad desde una mirada multidimensional de las políticas públicas y las estrategias privadas de producción, potenciando sus efectos en el ámbito económico y social”.

Agradecemos el patrocinio del Congreso Nacional de Honduras para esta actividad y reconocemos en la Dra Cabrera Dekovic y su empresa Standing Asesoría Empresarial un significativo aporte a la enseñanza de las buenas prácticas empresariales y cultura del hacer.

La Economía Creativa es uno de esos términos del que aún cuando no sepamos mucho, resulta medio obvio al juntar el significado de las dos palabras. Efectivamente, se trata de cómo lo creativo favorece la generación de ingresos y creación de empleos -lo “hard” del término- además de la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano -el lado “soft”-.

A grandes rasgos, se trata de industrias como: publicidad, arquitectura, arte, artesanía, diseño (gráfico, textil, de joyería), moda, cine, video, videojuegos, música, conciertos, artes escénicas, editorial, software interactivo de entretenimiento, radio y televisión. Y seguro nos dejamos alguna.

Con todo esto y sabiendo que estamos inmersos en el boom del contenido, no es difícil adivinar que ésta es una de las industrias que más crece a nivel nacional. Algunos datos: México es el país número 18 en el ranking de exportación de productos creativos (1), y aunque puede sonar poco, es el 1 a nivel Latinoamérica; aporta 7.5% del PIB y es el 3er o 4to sector económico en México – sólo después de la maquila, el petróleo o el turismo-. Además, en países como el nuestro, donde la economía informal es tan grande, no deberíamos olvidar la creatividad no formal (se estima que represente entre 24 y 40% del pastel) (2).

Es decir que mientras el país crece 2% económicamente, estas industrias crecen hasta 10%. Una de sus principales fortalezas es que no se ven tan influenciadas por las crisis económicas; en teoría sólo se necesita de gente talentosa con capacidad de generar innovación, y contenidos estéticos y sociales que estén a la altura de la constante demanda actual. Sin embargo, puedes ser muy creativo a nivel personal pero si las empresas no comienzan a moverse al mismo ritmo será difícil capitalizar la pasión de dicha creatividad, alimentarla y mantenerla.

¿Qué son las industrias creativas?

Industrias creativas, economía cultural, economía creativa o industrias culturales son conceptos bastantes recientes y cuya definición depende del contexto y las prioridades. Los artistas son el eje de la economía creativa, pues son los responsables de la actividad creativa en su contexto más puro y en muchas ocasiones operan fuera de una economía de mercado. Esto incluye lo contemporáneo y las manifestaciones tradicionales que conforman el patrimonio material e inmaterial. Estamos hablando de la música, el teatro, artesanías, literatura, las artes plásticas y otras prácticas artísticas y culturales. Estos sectores, aunque en ocasiones no manifiestan su valor económico de manera directa, tienen un rol importante en la educación, el turismo cultural, la cohesión social, la identidad y la internacionalización. Estas dinámicas de valor son mucho más que externalidades, y sugieren un gran reto para la economía postindustrial y las formas de medición de bienestar y desarrollo. Si se observan con profundidad sectores como la música, y se analiza como un ecosistema más allá de una industria, notaremos fuertes eslabonamientos (intra e inter-industria) y de alcance internacional, con un impacto económico que no se recoge en las cuentas nacionales.

A partir de las artes surgen las industrias culturales, que según la UNESCO son “aquellos sectores que conjugan creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural, generalmente protegidos por el derecho de autor” (UNESCO, 2001). La industria editorial, el disco (o sus nuevos formatos digitales), el cine, la televisión y otros medios, los juegos y juguetes, son algunos ejemplos. Las industrias culturales representan un sector importante en la economía. Aportan entre el 4 y el 6% del PIB de muchos países y entre 2 y 4% del empleo total. Además, representan la actividad principal a través de la cual se constituyen los imaginarios y la identidad de los países. Tan importante ha sido el reconocimiento de estos sectores, que los países han sido muy cautelosos en la liberalización de estas industrias a través de los tratados de libre comercio. A esta posición, liderada por Francia y la Comunidad Europea durante la Ronda de Uruguay, aún se le conoce como la “excepción cultural”.

Posterior al desarrollo de las industrias culturales se amplió todavía más el concepto para incluir sectores que contenían menos valor simbólico y un mayor valor utilitario. Es aquí cuando se plantea el concepto amplio de industrias creativas, que ahora incluye sectores como el diseño (gráfico, industrial, moda, digital), arquitectura y publicidad, entre otros. Este nuevo sector económico, que se presentó como política pública en Australia en 1994 y cobró auge en 1997 en el Reino Unido, se ha propuesto a nivel internacional como una alternativa real de desarrollo. El año pasado, surgió un nuevo esfuerzo para promover el potencial de estas industrias con el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) conocido como la Economía Naranja. En unas comparaciones hipotéticas interesantes, el informe plantea que la Economía Naranja sería equivalente a la cuarta economía del mundo (después de USA, China y Japón), el noveno principal exportador, la cuarta fuerza laboral y representaría el 6.1% del PIB Mundial (BID, 2013).

 


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Publicado por el 12 mar, 2019 | Publicar un comentario



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