El arrendamiento a terceros como fuente de ingresos



En los tiempos de inestabilidad política, económica y social que corren en nuestro país, el único camino sensato es ahorrar. Por desgracia, muchas personas de la clase trabajadora no podemos permitirnos ese lujo. Provenimos, todos nosotros, de familias humildes, y es posible que solo hayamos conseguido terminar una carrera universitaria gracias a que nos ha tocado la lotería de una beca del Ministerio de Educación y Cultura.

El futuro profesional que nos espera a las personas en esta situación es incierto. Una vez graduados, hemos de ser plenamente conscientes de que ninguna empresa nos contratará por ser nuestro derecho. El camino más seguro es opositar para obtener un puesto de trabajo en el sector público, uno de esos que llaman «para toda la vida», pero ese camino es duro y suele significar invertir tiempo y más dinero. Más allá de eso, nos costará encontrar empleo fijo.

¿Qué podemos hacer? Para empezar, ahorrar siempre que podamos. No es casualidad, y nada digno de aplauso, que vivamos en la época de los alquileres vacacionales baratos en Airbnb, o de los Blablacar. El ciudadano medio, sobre todo el ciudadano menor de treinta años, necesita vivir, sí, pero necesita hacerlo ahorrando el máximo dinero posible. Esa es una opción. Otra puede ser dedicarse al siempre poco estable mundo de los trabajos por cuenta ajena, guardando un porcentaje de las facturas en una hucha de ahorros que no deberíamos atrevernos siquiera a romper solo por un capricho.

Por suerte para algunas personas de esta clase trabajadora, hay otras cosas que se pueden hacer si nuestros padres disponen de una segunda propiedad, es decir, comprada, y no alquilada. Precisamente, si tenemos una vivienda, podemos arrendarla para terceras personas.

No es un camino sencillo, requiere esfuerzo y dedicación, y parte de ese trabajo no reside en nosotros, sino en los inquilinos que se comprometan a vivir en nuestro hogar, y a respetar nuestras normas y nuestro contrato.

Todo lo demás, ya sea solicitar préstamos por teléfono móvil o invertir parte de los ahorros ya obtenidos en la puesta a punto del piso, depende enteramente de nosotros. ¿Pero qué pasos son los que debemos hacer para dicha «puesta a punto»? ¿Cuál es el procedimiento legal obligatorio que nos protegerá a nosotros como caseros y a nuestros inquilinos durante su tiempo de permanencia en el hogar? ¿Qué pasos, en definitiva, conviene tener en cuenta y estudiar con detenimiento?

Hemos mencionado un contrato de arrendamiento. Esto es fundamental. Muchas personas lo ignoran o creen que no es necesario, pero lo cierto es que, más allá de la obligatoriedad de su redacción y su firma a efectos legales, nos ofrece, como ya hemos dicho, protección.

Por supuesto, es fundamental redactarlo con detenimiento y repasar todas y cada una de las cláusulas para que no haya trampas o vacíos legales. La información sobre la tributación básica de impuestos también debería estar presente, pues es ligeramente diferente en el caso de los contratos de alquiler a terceras personas. Por supuesto, ambas partes han de imprimir su firma.

Siempre hay un factor de incertidumbre a la hora de encontrar inquilinos perfectos. Nunca sabemos a qué tipo de persona estamos dejando entrar en nuestro piso, y, por mucho que acepte firmar el contrato o pague regularmente el porcentaje de facturas y alquiler cada mes, hay otros factores que debemos tener en cuenta.

Evidentemente, que no sea moroso es el más importante, pero también deberíamos tener en cuenta su seriedad, su respeto y, en general, el cuidado que tenga con el inmueble y nuestras propiedades. Es bastante probable que seamos nosotros quienes tengamos que pagar, tal vez invirtiendo de nuevo préstamos online, para arreglar los desperfectos causados, a menos, claro, que el inquilino sea una persona responsable.

Por eso, lo más importante antes de escoger al inquilino es realizar una entrevista. Deberíamos apuntar en un papel las preguntas más importantes y anotarlas sobre la marcha durante el diálogo.

Al final, seleccionaremos a la persona que más se ajuste a nuestro modo de ser y, aun así, estará en período de prueba durante al menos tres meses. Por supuesto, para encontrar potenciales inquilinos, antes deberíamos poner anuncios en todas partes. Internet es lo más fácil, rápido y barato, pero los tablones de anuncios universitarios aumentan las probabilidades de encontrar personas en las que podamos confiar. Al fin y al cabo, los alumnos universitarios suelen ser personas cuyas motivaciones son de sobra conocidas: encontrar un sitio para vivir y poder cursar sus estudios.

A continuación, se inaugura una etapa en la que el inquilino se adaptará a nuestras necesidades, y nosotros completaremos la vivienda con todas aquellas cosas que pudiera necesitar. En cuanto a los pagos mensuales, deberían hacerse mediante transferencia bancaria para más seguridad. Si seguimos al pie de la letra estos consejos, tendremos una notable fuente de ingresos secundaria.


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Publicado por el 23 Jun, 2020 | Publicar un comentario



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