El inventor de la televisión post modernidad



Juan Cueto inventó la televisión. Tal cosa ocurrió oficialmente el 4 de septiembre de 1990. ¿Qué había antes? Como diría Heidegger, la nada, el vacío absoluto, la ausencia de todo. Quizás estemos exagerando algo, pero sólo un poco, lo justo. Hay opiniones dispares sobre quién inventó la televisión moderna en España. Para unos, José María Íñigo; para otros, Paloma Chamorro. En lo que todo el mundo está de acuerdo es que Cueto fue el artífice de la entrada de la televisión española en la posmodernidad, o por decirlo más claramente, hizo que el discurso televisivo se sincronizase con el espectáculo de la Posmodernidad, así con mayúscula. ¿Cómo lo hizo? ¿Con qué ayuda? ¿Por qué? ¿Con qué antecedentes?

¿Qué había entonces en España? La primera cadena, la segunda, la primera, la segunda, la primera? ah! sí, y las mamachicho. A principios de los años 90, iniciaron sus emisiones las primeras televisiones privadas gratuitas en España. En enero de 1990, Antena 3 saltó al planeta, y en marzo Tele 5 se tiró a la piscina. Y entonces llegó Juan Cueto, y así, de la nada heideggeriana, ni siquiera de la chistera, se sacó una tele de la manga: Canal+, la primera televisión de pago, una cadena que llegó a las pantallas con carácter oficial el martes 4 de septiembre de ese mismo año. El autor de «Cuando Madrid hizo pop» llevaba gestando el proyecto desde un año antes, inspirándose en el modelo de la tv de pago de Francia, a su vez heredera del espíritu de las cadenas de cable americanas como HBO.

Sin embargo, lo que ocurrió en la línea de salida de Canal+ fue que Cueto tuvo que enfrentarse al hecho diferencial español, porque, como es bien sabido desde los tiempos de la batalla de Covadonga, Spain is different. En otros países, las teles de pago surgieron después de las televisiones privadas, cuando ya había una cierta saturación, cuando el mercado de las privadas generalistas y eventos como los de aquí ya estaba maduro, tirando a podrido. Las cosas normales sucedían así o al revés, como en el caso de los franceses, que son muy suyos: Canal+ Francia nació antes de que se le viese el plumero a las privadas. Pero en España no. Aquí ni después ni antes. Aquí todos a la vez: Antena 3, Tele 5, Canal+. A la rebatiña. A la tomatina. En ningún país del mundo se le ocurre a nadie el disparate de salir con una televisión de pago a la vez que las televisiones privadas. Obviamente, Cueto estaba loco, majareta, chifláu, como un cencerru. Al menos eso es lo que todo el mundo decía. Cómo iba a pagar la gente por ver televisión justo cuando aumentaba la oferta de las que eran gratuitas. Definitivamente, «esti chaval chifló».

Para Cueto, la nueva televisión encarnada en Canal+ no era sólo una televisión que venía para desacralizar la televisión estatal, sino que era lo que ahora se llamaría «una experiencia de usuario». La excelencia, lo nuevo, lo cuidado, lo arriesgado, lo minoritario y lo mayoritario, no una cadena para ver la tele, sino una tele para ver programas, películas, fútbol: contenidos exclusivos. ¿Pero dónde estaba Cueto antes de fundar Canal+? Leyendo, enseñando, escribiendo, agitando y, por supuesto, también viendo televisión. Mucha.

Antes de inventar la televisión posmoderna, Cueto inventó la crítica de televisión en aquella sección inolvidable titulada «La cueva del dinosaurio», azote de los Lazarov que en el mundo ha habido. Para nosotros, Cueto es sin duda el más brillante crítico de televisión que ha habido en España.

El mago de Los «Cuadernos del Norte» aplicó en el diseño de Canal+ una fórmula que admitiría por igual jugosos análisis científicos y filosóficos: I+D (información + diversión), una fórmula mejorada por Cueto al añadirle el compuesto binario V+M (vanguardia + masa). El resultado de la ecuación fue que en menos de cuatro años casi un millón de personas ya estaba pagando por acceder a una televisión desmasificada y complementaria.

La apuesta que Cueto hizo fue también una apuesta por España o mejor dicho por la madurez de los españoles, que en su opinión siempre van por delante de los intelectuales, de la producción, de las teorías, de los listos.

En su laboratorio de los albores de Canal+, en la calle Conde de Xiquena, Juan, el alquimista, supo rodearse de un pequeño grupo de jóvenes veinteañeros los bostonianos -la mayoría se había formado en Boston- que le ayudarían a plantar los cimientos de su proyecto visionario: Miguel Salvat (actual director de HBO España), Fernando Bovaira (que años después ganaría el «Oscar» por «Mar adentro»), Pablo Romero (primer director de Canal+ Yomvi, el vídeo bajo demanda de Prisa), «José María Besteiro» (que se ha convertido en el productor audiovisual más importante de Galicia gracias a «Mareas vivas») y «Jacques Roldán» (ahora vicepresidente de la distribuidora Paramount). A ellos se sumarían pronto los también casi adolescentes Enrique López-Lavigne (productor que rechazó colaborar con Spielberg para afrontar proyectos propios como «Lo Imposible»), Tomás Cimadevilla (el productor asturiano de «El otro lado de la cama»), Javier Bonilla (que luego sería jefe de gabinete de la ministra Ángeles González-Sinde)?

Las retransmisiones de la Liga transformaron radicalmente el modo de relacionarse el espectador con el fútbol. No solamente porque hubiese que pasar por la taquilla de una televisión de pago, sino porque se inició una manera de entender el espectáculo que creó escuela, y no fue la de Viena, sino la de Leicester. El narrador era Carlos Martínez, y el comentarista, el filósofo del fútbol, Valdano. Enseguida se incorporó Michael Robinson, a quien Cueto le recomendó que no aprendiese demasiado bien el español, que lo querían tal y como hablaba. Sigue igual.

Y ahora hablemos de toros. El realizador Víctor Santamaría revolucionó el arte del balombié y también de paso el de los cuernos, con las multicámaras, las minicámaras, las microcámaras, las nanocámaras, etcétera. Y puesto que estamos metidos en ornamentas cinegéticas, hablemos de sexo. Todo el mundo sabe que la orientalización de los españoles no comenzó con los matrimonios chino-españoles (suponiendo que tal cosa esté ocurriendo), sino con la descodificación retroocular del cine en la época de Canal+ analógico. Quienes para ahorrar, empezaron viendo el cine para adultos «a lo chino», desarrollaron una gran capacidad visual, a lo X-Men, y de paso practicaron una gimnasia ocular que probablemente les haya servido para prevenir algún que otro desprendimiento de retina, o todo lo contrario.

Como las cosas iban mejor que bien, en abril de 1993, con la cadena superando ampliamente las expectativas, convertida en la tercera televisión de pago de Europa y entrando en beneficios antes de lo previsto, Cueto pasó a dirigir todas las actividades televisivas y cinematográficas del grupo Prisa. Lanzó los primeros canales temáticos que hubo en España: Documanía, Cinemanía, Cineclassics y Minimax.

Cueto siguió impartiendo filosofía de la televisión en Italia. En 1997 pasó a dirigir Telepiù. En 1999 continúa la conquista de Europa al ser nombrado director de programas de la división internacional de Canal + Francia.

Hemos oído mil veces que Juan Cueto era un visionario, un adelantado a su tiempo, un oráculo. Sí, es verdad, pero sobre todo, Juan era una buena persona en el sentido filosófico machadiano de la palabra bueno y del apellido Bueno. Todos los que en algún momento de nuestras vidas hemos trabajado con Juan Cueto lo tenemos muy presente y lo recordamos como un gran inspirador, como un verdadero maestro. Y lo hacemos con cariño.

 


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Publicado por el 18 Ene, 2019 | Publicar un comentario



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