La ética detrás de las acciones de marketing digital



Cuando empezamos a estudiar los fundamentos del marketing digital de cara a la posibilidad de ejercer como profesionales en el futuro, lo hacemos teniendo en cuenta primero los aspectos más generales. A nivel teórico, el aspecto fundamental es la comprensión del desplazamiento de prioridades que ha habido desde que comenzó la era de internet y, más específicamente, la web 2.0, con su fluidez y el nuevo poder de interacción de los usuarios en medios como los foros, las wikis, los blogs o las redes sociales. Un solo comentario de un usuario, positivo o negativo, se puede viralizar, con las consecuencias de engrandecimiento o de fracaso que eso puede conllevar.

Lo primero que hay que comprender entonces del marketing digital es que nuestra estrategia de promoción empresarial no puede ser egocéntrica y por lo tanto no debemos limitarnos a hablar de nosotros, de quiénes somos o de qué productos ofrecemos, porque eso linda peligrosamente con las fronteras del spam. El usuario quiere sentir que lo escuchan, que otras personas proponen soluciones a sus problemas, que las empresas de internet están realmente interesadas en saber qué buscan sus clientes potenciales.

Naturalmente, una cosa lleva siempre a la otra: si los usuarios se sienten escuchados, también empezarán a sentir curiosidad por conocer a esa empresa que les ha generado confianza, Todo está vinculado y tiene una razón de ser. Ese es el motivo por el que debemos entender también la importancia del contenido. Pero no un contenido cualquiera, sino un contenido de calidad. Los textos que publicamos en el blog con la finalidad de informar o de ofrecer un tutorial, las entradas de nuestro perfil de Twitter anunciando novedades, nuestras declaraciones de intenciones relacionadas con algún evento importante explicadas en Facebook… Todo eso es contenido que ofrece un valor al usuario, y eso es lo que le otorga la calidad.

Mediante el contenido de calidad, las empresas podrán cumplir el objetivo primordial de la era del marketing digital antes mencionado: ofrecer una solución a sus problemas y dar la impresión honesta y real de que nos interesa lo que nuestros usuarios piensen u opinen, sean esas opiniones juicios de valor positivos o críticas. De las críticas podemos aprender, y podemos mejorar gracias a ellas nuestro servicio para que nuestra empresa tenga más en cuenta la diversidad de necesidades de un grupo amplio de clientes que, si bien tienen aspectos en común, no son homogéneos. Ignorar o responder mal a un usuario que se queja de cómo lo hemos tratado es un error y la consecuencia derivará en una creciente desconfianza que se extenderá como la pólvora.

Esto quiere decir que el marketing digital no es solo un compendio de técnicas y estrategias aplicadas al medio online, no es únicamente desarrollar campañas de posicionamiento SEO o aprovechar ciertas épocas del año para hacer ofertas y descuentos y anunciarlos en redes sociales a bombo y platillo. El marketing digital parte de un nuevo paradigma de venta que además debe ser ético. Antes, los usuarios no existían, no sabíamos quién podía leer los carteles que imprimíamos y colocábamos en un tablón de anuncios. Ahora sí lo sabemos: los usuarios existen, tienen voz, y por lo tanto es inmoral no considerarlos personas con emociones, pensamientos y opiniones que merecen ser escuchadas. Más allá de nuestros objetivos de venta, si queremos ser una empresa humana este punto es una cuestión que debemos recordarnos como un mantra.

Si por fin hemos comprendido esto, podemos empezar a profundizar en el marketing digital, a irnos más allá de lo general mencionado al principio de esta reflexión. Aprender la teoría es esencial, pero esa teoría adopta muchas formas y requiere de estrategias concretas en función no solo del tipo de empresa creado, sino de las personas que la administran. Por mucho que una agencia de diseño gráfico ofrezca más o menos el mismo tipo de servicios en todas partes, la simbiosis entre trabajadores y la sinergia en general, modificada en función de los clientes y de los trabajadores, será completamente diferente en cada caso. Otros aspectos, como el branding o la ubicación geográfica del negocio, también influyen en la construcción empresarial.

Es entonces cuando debemos aprender a ser flexibles. Nos daremos cuenta enseguida que la teoría no existe para que deba aplicarse de manera literal, sino para que nosotros después extraigamos de ella lo que más nos interesa, o más bien lo que más nos puede servir en función de la tipología de empresa que tenemos en mente. En definitiva, estos aspectos, que se vinculan entre sí y que no son cajones estancos separados, harán que una empresa crezca más rápido o más lento, evolucione favorable o desfavorablemente, y en esencia se consolide o desaparezca.

Por esa razón también debemos ser prudentes y planificar cada paso. Todas nuestras acciones de marketing digital suponen pérdidas y ganancias.


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Publicado por el 23 Oct, 2019 | Publicar un comentario



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