Mequinenza, una escapada a una confluencia de culturas para toda la familia



Tres museos permiten conocer la historia de la localidad, su pasado minero y sus yacimientos arqueológicos. El Pueblo Viejo de Mequinenza, recuperado tras su derribo causado por la construcción de diversos embalses es otro de los atractivos turísticos.

Unos museos pensados para el público familiar que se han convertido en uno de los mayores atractivos de la zona.

Los Museos de Mequinenza ofrecen un viaje a través de la historia de la localidad. El Museo de la Mina ofrece un recorrido por una mina subterránea en la que se puede ver diversas máquinas históricas reales y las condiciones de trabajo de los mineros durante más de 150 años, así como vivir una experiencia inolvidable de visitar una auténtica galería de carbón.

Un viaje por el pasado histórico de la antigua Mequinenza, hoy en día desaparecida bajo las aguas del río Ebro.

Un recorrido de más de 1.000 años aguarda en el Museo de la Historia de Mequinenza. La visita se inicia con un audiovisual que recuerda la vinculación de la población con los ríos Ebro, Segre y Cinca que forman una de las mayores confluencias fluviales de la Península Ibérica. A continuación, el museo ofrece diferentes atractivos y curiosidades históricas de diferentes culturas y épocas. Finalmente, el Museo recoge una colección de fotografías de la antigua Mequinenza junto al Ebro, la navegación fluvial y un espacio dedicado al escritor de la localidad Jesús Moncada. Al finalizar la visita, se pueden adquirir recuerdos y libros relacionados con la historia de la población y su pasado minero.

El Pueblo Viejo de Mequinenza, recuerdos de un trágico pasado.

La antigua Mequinenza estaba situada a orillas del río Ebro, en su confluencia con el río Segre que poco antes recibe las aguas del Cinca. Una villa de navegantes y mineros que quedó atrapada entre dos embalses, el de Ribaroja de Ebro y el de Mequinenza conocido también como el “Mar de Aragón”, provocando su desaparición y el traslado de todos sus vecinos a una nueva población. Ahora, el Pueblo Viejo de Mequinenza es una invitación a conocer sus antiguas calles y a visitar algunos de sus lugares emblemáticos como la Iglesia o la Plaza de Armas.

Una confluencia con una historia milenaria.

Los ríos Segre, Cinca y Ebro también han sido fuente de vida desde la Prehistoria. Alrededor de Mequinenza, han aparecido diferentes yacimientos arqueológicos que permiten datar la presencia de los primeros hombres durante el Neolítico Medio. Este hecho se puede conocer más en el Museo del Pasado Prehistórico junto a los anteriores museos. Un espacio donde se puede conocer cómo eran los primeros asentamientos, numerosas muestras de arte rupestre y las necrópolis tumulares de inhumanación e incineración.

La nueva Mequinenza, un paraíso para la pesca.

El pueblo nuevo, construido a los pies del imponente Castillo de Mequinenza está situado en la margen izquierda del río Segre. La confluencia de todos los ríos conforma el Mar de Aragón, un espacio ideal para los amantes internacionales de la pesca. Aquí se pueden encontrar especies como la carpa, el black bass, el lucioperca o el mítico siluro, cuyas dimensiones pueden alcanzar los dos metros y cincuenta centímetros y más de cien kilogramos de peso. Paralelamente se ha desarrollado una gran economía alrededor de este turismo activo que año tras año, conduce a pescadores de todo el mundo (especialmente de Alemania, Francia y Reino Unido) a surcar estas aguas en busca de las mayores capturas.

Un lugar único por su biodiversidad.

En la confluencia de los ríos Segre y Ebro se ubica el «Aiguabarreig» un espacio con gran riqueza natural y una gran variedad de ecosistemas que abarcan desde las estepas mediterráneas a impenetrables bosques de ribera. Este espacio recibe el nombre de la palabra de origen catalán que designa el lugar en el que dos o más corrientes de aguas se juntan y forman una sola. El Segre y el Cinca forman un primer Aiguabarreig y a pocos kilómetros convergen con las aguas del Ebro en el término municipal de Mequinenza, conformando una de las mayores confluencias fluviales de toda la Península Ibérica.

En el Aiguabarreig encontramos cientos de metros de anchura de agua con numerosas islas fluviales y bosques de ribera, grandes masas de carrizal, playas de guijarros, pozas y galachos. Es un punto de confluencia de la flora esteparia proveniente de la zona árida de Monegros y de la flora mediterránea que asciende por el valle del Ebro. Gracias a estas características conviven especies de ambientes opuestos. Las aves son el grupo más numerosos y abarcan desde colonias de ardeídas a todo tipo de rapaces y aves propias de ambientes desérticos. También pueden encontrarse reptiles, anfibios y mamíferos, destacando especialmente murciélagos, ciervos, corzos, nutrias y la presencia cada vez más abundante de cabras salvajes.

Mequinenza conforma un espacio único con un paisaje singular repleto de cultura e historia. Un lugar fascinante que, a pesar de derribar y abandonar la antigua población a orillas del Ebro, ha logrado perpetuar la historia de su pasado minero, el recuerdo de la navegación fluvial y la conservación de su belleza natural.


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Publicado por el 06 May, 2018 | Publicar un comentario



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