Organización de las monterías de caza mayor



La montería es una modalidad de caza mayor muy arraigada en España, la más clásica y tradicional, se rige por normas y leyes que impiden que se cometan disparos sobre animales protegidos y sus crías.

Se basa en la utilización de rehalas (perros para cacería) para hacer salir del monte a los animales objeto de caza y dirigirlos hacia las líneas de cazadores.

Las especies objeto de caza están reguladas, así como el periodo en el que se puede realizar la montería, en ella se abaten generalmente jabalíes y venados, aunque también otras especies como el gamo y el muflón.

En un monte de cientos de hectáreas se dispone una serie de armadas, o líneas de puestos con cazadores, que rodean y cubren el terreno. Según su particular ubicación en la mancha las armadas reciben diversos nombres (cuerda es la más alta; sopié la más baja; traviesa la que atraviesa o se encuentra generalmente en medio de la mancha).

¿Cuántos puestos he de colocar en esta mancha?  Si el organizador es responsable y recto colocará tantos puestos como marquen las querencias naturales de las reses y las posibilidades reales que los monteros tengan en ellos.

Desde un extremo determinado, o desde más de uno, se procede a la suelta de las rehalas que, conducidas por sus respectivos perreros, batirán la mancha en diversas direcciones con el objeto último de que las piezas de caza en su huida traten de atravesar las líneas de monteros o sean avistadas por estos.

Claves al organizar monterías de caza mayor

Conocer bien la finca. Si es la primera vez, habrá que ir las veces necesarias para conocer las lindes, la extensión y la orografía. Si ya se conoce, comprobar los cambios, nuevas limpias, los últimos resultados, posibles deforestaciones y cualquier otra acción que pudiera desvirtuar los anteriores resultados.

Condiciones de la montería. Como cualquier otra negociación es necesario saber las expectativas reales que hay, las garantías si las hubiera, la reputación de la finca, el número de puestos y el coste que va a repercutir en cada uno de ellos.

Cantidad y calidad de trofeos. Los comederos, las charcas y dependiendo de la vegetación de la finca, se puede hacer una aproximación a la cantidad de animales observándolos en los amaneceres o atardeceres. En las fincas abiertas habrá qué fiarse por lo que comen, dónde pisan o por las condiciones que reúne para el encame de las reses.

Preparar la mancha. Dentro de una misma finca puede haber diferentes zonas con distintas características. Cada mancha tiene una fecha óptima para su celebración. Hay fincas con comida natural, que conviene darlas cuando éstas caen al suelo. Otras son más cálidas, se cargan en las fechas más duras del invierno, y otras, por diversas razones, están mejor en una determinada fecha.

Sondear el mercado y cubrir los puestos. Tener en cuenta que organizar una montería es incluso mucho más apasionante que participar en ella como montero.

Marcar las posturas. Respetar las leyes de seguridad y marcar los puestos donde no tengan ningún peligro unos con otros. Colocarlos donde se corte o cierre bien la mancha y cubriendo los mejores pasos que tengan los animales. Una vez vistos y marcados cada puesto, se le enseñará a una persona responsable que hará de postor el día de la montería.

Personal auxiliar. Rehalas, guías que dirijan a estas rehalas, postores, conductores, personal que recoja la caza desde su abate al cargadero, cocineros, y todo el personal necesario, habrá que explicarles su función y sincronizar el trabajo de todos ellos.

Evaluar la montería. Preparar los planos, los sobres para el sorteo, la información que se vaya a dar a cada montero, los consejos. Planificar horarios: cita, desayuno, sorteo, orden de salida de las armadas y suelta de las rehalas.

Permisos. Trámites administrativos que hay que realizar y que pueden suspender una montería si no se hacen correctamente. Cumplir con las normas monteras, tanto en los movimientos (armas enfundadas, en silencio y en tiempo) como en los puestos (que no se doblen o se muevan de las posturas) y en la señalización de las piezas (que no se saquen trofeos, etc.).

Dirección del viento: A la hora de modificar el orden de salida de cada armada o si las rehalas cuentan con el vehículo apropiado para llegar al punto designado para su suelta.

Ir con optimismo pues de todas las maneras se trata de animales salvajes con un comportamiento imprevisible que pueden romper los esquemas y hacer que las cosas salgan como no estaban planeadas.


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Publicado por el 16 Sep, 2013 | Publicar un comentario



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