Residencias: el negocio del cuidado de nuestros mayores



Por Mª Ángeles Bueno y Miguel Vázquez, presidenta y secretario de PLADIGMARE

La Asociación Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en las Residencias (PLADIGMARE), cumplirá el próximo mes de septiembre un año como tal. Un año y seis meses, si contamos nuestra primera reunión allá por el mes de marzo de 2016, en los locales de la Asamblea de la Comunidad de Madrid.

Fue posible porque el diputado autonómico de Podemos, Raúl Camargo, convocó a familiares, residentes y trabajadores en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, de residencias como Peñuelas, Vallecas, Mirasierra, Moscatelares, Usera, Adolfo Suárez…. Allí nos coordinamos y echamos a andar.

Nuestra Asociación debe su surgimiento a la constatación por parte de familiares, residentes y trabajadores, de las múltiples deficiencias que se detectan en las residencias, que dejan de tener un carácter de excepcionalidad cuando salen a la luz y se comprueba que es una situación mucho más generalizada de lo que sería de desear.

Presidiendo todas esas deficiencias se encuentra la insuficiencia de personal, que se traduce en colas para poder utilizar el aseo, instrucciones para que hagan sus necesidades en los pañales (que para eso los llevan, les dicen), descontrol en la medicación pautada, uso excesivo de sujeciones, extravío de prendas y prótesis de todo tipo, insuficiente atención para dar de comer a los que no se pueden valer por sí mismos, descontrol e incumplimiento de los cambios posturales de los encamados que ingresan en los hospitales desnutridos y con úlceras en las extremidades inferiores por presión, imposibilidad de sacar a los residentes sin autonomía en su movilidad a pasear por los patios y jardines interiores, lamentable estado, a veces, de las instalaciones, con mal funcionamiento del aire acondicionado en verano y de la calefacción en invierno, vajillas descascarilladas, paredes y techos deteriorados, baberos en mal estado, incumplimiento de la necesaria atención individualizada, régimen alimenticio sin la diferenciación que requieren las situaciones particulares de muchos de los residentes…

En la Comunidad de Madrid, según el estudio Envejecimiento en red del Consejo Superior de Investigaciones Cientí?cas (CSIC). Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS). Envejecimiento en Red (2014). “Estadísticas sobre residencias: distribución de centros y plazas residenciales por provincia. Datos de diciembre de 2013”. Madrid,  Informes en Red, nº 7. [Fecha de publicación: 20/02/2014].”, existen 479 residencias de ancianos, de las cuales sólo 77 son públicas, que ofrecen un total de 47.954 plazas, de las cuales sólo 11.137 son públicas. Es decir, casi el 84% de las residencias y el 77% de las plazas están en manos privadas y sólo el 16% de las residencias y el 23% de las plazas son de titularidad pública. Si a esto añadimos que un porcentaje importante de las que son públicas son gestionadas por empresas privadas, no podemos sino concluir que la gestión de la vida de nuestros mayores tiene como principal característica la idea de explotación de un negocio que, dadas la concentración de la propiedad y la naturaleza de fondos de inversión y fondos buitres que tienen quienes dominan el sector, debe producir pingües beneficios a sus propietarios.

Si a la idea de explotación de un negocio en lo privado, añadimos las políticas de austeridad y recortes practicadas por los diferentes gobiernos (central y autonómico), tenemos la explicación de la situación en que se encuentran nuestros mayores en las residencias y que se ha explicado en párrafos anteriores.

Para que el negocio lo siga siendo y para poder seguir recortando partidas que inciden directa e indirectamente en la calidad y dignidad de la vida de nuestros mayores, resulta necesario que haya opacidad, falta de control y alienación de los familiares de los residentes.

Todos los que hemos pasado por la experiencia de tener un familiar en una residencia, sabemos de los esfuerzos de sus responsables porque los problemas, las deficiencias, no trasciendan, no salgan a la luz pública. Sólo en el año y medio que llevamos de existencia como Asociación se han puesto, que nosotros sepamos, media docena de denuncias en los Juzgados (dos en Usera, una en Leganés, dos en Alcorcón y la más reciente que ha causado un auténtico escándalo por la gravedad de las imágenes, en Arganda), sin contar las centenares de quejas que no trascienden a la opinión pública.

 Si los trabajadores hablaran, como en Arganda; si los familiares contaran las situaciones que viven cotidianamente en la atención de sus familiares residentes, si todos, unos y otros contaran todo lo que sucede en las residencias, se produciría en la sociedad una conmoción de magnitudes importantes.

En las residencias no existe control sobre la gestión (estamos hablando de vidas humanas), ni por parte de los residentes, ni por parte de los familiares. En nuestra comunidad mediante la orden 766 de 1993, se crearon los Consejos de Residentes para las residencias de titularidad pública y en el año 2012, después de una reclamación sobre la inexistencia de este órgano en la residencia de Usera, el Defensor del Pueblo obligó a la Comunidad de Madrid (que se negaba a ello) a que se crearan órganos de participación de los residentes en todas las residencias de titularidad pública, fueran de gestión pública o de gestión privada y en todas aquellas que tuvieran algún tipo de financiación pública, aunque fueran privadas. Se crearon los Consejos de Usuarios, pero con menos competencias que los de los residentes, con ser éstas pocas. Sólo los familiares que tengan la tutela legal de los residentes incapacitados judicialmente pueden participar en los mismos.

 

Sigue http://www.adeces.org/residencias-el-negocio-del-cuidado-de-nuestros-mayores/

 


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Publicado por el 08 ago, 2017 | Publicar un comentario



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