Todo lo que hay que saber sobre la plusvalía



Adquirir una casa hoy en día parece una misión imposible. No lo es, pero es necesario recorrer un largo camino antes de conseguirlo. Por ejemplo, es esencial tener un trabajo fijo, estable e indefinido. Hoy en día, es bastante complicado aspirar a eso trabajando en ciertos sectores privados, y cuesta años de dedicación lograrlo en el sector público. El caso es que hace falta un sueldo equilibrado y elevado para tener al menos una pequeña esperanza de poder calcular una hipoteca y pagarla de manera mensual. Esto también se aplica al alquiler, con la diferencia de que cada porción de dinero que invirtamos en una hipoteca, nos asegurará un poco más un futuro hogar, un inmueble que será enteramente nuestro y que podremos reformar o utilizar como queramos. Es verdad que prácticamente los préstamos sin intereses prácticamente sólo existen para solicitar pequeños importes, pero para adquirir un inmueble es posible encontrar buenas tasas de interés, sólo es cuestión de comparar.

Hay otra ventaja de adquirir un inmueble: la plusvalía. Puede ocurrir que, con el tiempo, queramos mudarnos a otra ciudad o a otro país, o sencillamente queramos formar una familia y necesitemos un hogar más grande. Haber dedicado tiempo a pagar la hipoteca de nuestra casa actual no ha sido en vano, puesto que podemos venderla y obtener beneficios; con los cuales, en gran medida, podremos costearnos el precio de la próxima vivienda. Lo importante es cuánto hayamos aumentado el valor de esa casa con el paso del tiempo. Por otro lado, también puede ocurrir que dicho valor haya aumentado por motivos extrínsecos a ella. Eso es lo que se conoce como plusvalía, y hemos de tenerla muy en cuenta a la hora de efectuar una venta.

La plusvalía, sin embargo, no es una ganancia, sino un gasto. Es una diferencia que nosotros, como propietarios del inmueble, debemos pagar antes de culminar definitivamente el proceso de venta. Los factores que pueden influir en el aumento de la plusvalía son varios. Por ejemplo, la revalorización del suelo o del entorno, que puede convertirse, en cuestión de años, un punto de referencia turístico o comercial (por ejemplo, por la apertura de un centro comercial); el número de años que han transcurrido desde la compra de la casa, la suma y consecución de impuestos, etc. En otras palabras, la plusvalía es un incremento del valor sobre los terrenos de naturaleza urbana; con lo cual, en este sentido descartamos las viviendas de las zonas rurales.

Hay excepciones, pero, por lo general, el vendedor tiene la obligación de abonar la cifra total de plusvalía en el ayuntamiento de la localidad en la que se encuentre la casa. Para muchos propietarios, puede llegar a ser un auténtico dolor de cabeza, pues es posible que se trate de una cifra que se salga del presupuesto inicial del que disponen o de sus ahorros. Por eso, muchos dueños y muchas dueñas optan por hacer uso de financiación alternativa única y exclusivamente para pagar este impuesto. De hecho, y según un estudio de WannaCash, es uno de los motivos principales por los que la gente solicita créditos rápidos online. Es muy importante estudiar y considerar todas las ayudas económicas posibles antes de abordar un gasto que no depende solo del valor del suelo, sino también de la construcción de la vivienda.

Calcular la plusvalía, por otro lado, es complicado. En ese sentido, siempre es recomendable recibir el asesormiento de un experto, pues es normal que cualquier propietario de a pie tenga miedo de equivocarse en algo tan importante, y es fundamental que no cometa errores en el cálculo de la cifra de plusvalía exacta. En cualquier caso, para calcularlo de manera correcta, hay que tener en cuenta el valor del terreno urbano por metro cuadrado, que aparece en el recibo del IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles) y el número de años que se ha dispuesto del inmueble como propiedad, excluyendo todos aquellos en los que se haya podido rentar o alquilar.

Hay, no obstante, facilidades y privilegios que es importante tener en cuenta, por si acaso se da la casualidad de que la persona propietaria se encuentra en alguna de esas situaciones. Para empezar, es el comprador quien ha de abonar la plusvalía si el vendedor reside en el extranjero. También ocurre lo mismo si, en lugar de una venta, estuviéramos hablando de un regalo o de una donación; es el receptor de dicha donación quien tiene la obligación de pagar plusvalía. Por último, es posible beneficiarse de algunas bonificaciones que permiten al vendedor pagar menos plusvalía. Entre ellas, la transmisión entre cónyuges o familiares, o la transmisión de inmuebles situadas en espacios histórico-artísticos de un municipio determinado, así como viviendas declaradas bienes de interés cultural (BIC) siempre y cuando se haya rehabilitado el inmueble.

En resumen, la plusvalía es un impuesto necesario y no es posible obviarlo, pero, una vez calculado, así como tenidas en cuenta las exenciones y facilidades de pago, no supone un problema económico real o inabordable.


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Publicado por el 12 oct, 2018 | Publicar un comentario



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